
Cerca de casa está este restaurante donde de tanto en tanto vamos a comer. Con la panza fuimos hasta entrado el mes 6, con las bebas hemos ido con el doble cabina y el mes pasado nos animamos a ir caminando.
Comimos bastante bien, no por la comida que es muy buena, si no que ya medidos la cosa por si ambas comen más o menos bien y si nuestros nervios están en algún nivel aceptable de tolerancia.
Pedimos pastas, raviolones y tomamos el vino que el mozo nos quiso traer, porque dijimos “vino?, dale sí, pero nunca le dijimos cuál”.
Y volvimos caminando. Un lujo.
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