domingo, 24 de octubre de 2010

¡Felíz día, mamá!


Ser madre es un milagro. Para algunos, por suerte para la mayoría, es un milagro imperceptible, que sólo toma forma de real milagro cuando se les pone de manifiesto algunas de esas cosas que la vida tiene deparada para alguna gente. No quiero hacer una lista de esas cosas, porque no quiero sonar a queja ni a reclamo. Nosotros somos muy afortunados, éramos muy afortunados antes de Caro y Flor (aunque la vida nos dio de aquellas cosas) y aunque suene trillado diré que somos doblemente afortunados.

Así, el 10 de junio se cumplía uno de esos sueños que la vida nos enseñó a darle más valor, más dimensión, más energía. Un sueño que no sólo soñabamos, sino que buscábamos, peleábamos, nos decepcionábamos y volvíamos a soñar, a buscar. Nacían ellas, éramos padres.

Y en el éramos, esta incluída ella, mi amor, mi deseo, mi compañía, la hoy madre. Y fue su día.

A pesar de que a veces la voy en contra de los días de tal o cual cosa, nos dimos el gusto de festejar y para mí fue como un re-nacer: la oportunidad de festejar el día. Tengo mis lágrimas guardadas por allí y otras nuevas que mojan de alegría.



Salimos el viernes con la compañía de la tía Cintia a comprarle los regalitos a mami y alguna ropita para Flor y Caro. No alcanzó el tiempo, y salí también con las nenas el sábado por la mañana.

Mamá estuvo muy contenta, le preparamos el cartel, le escondimos los regalos y le dimos pistas para que los encuentre y comimos canelones caseros que hizo la bela Caty.

Milagros varios en Ballester, milagros varios en nuestra vidas. Gracias vida, por los milagros.

Florencia de blanco...


Carolina de rojo...


Los modelos de los vestidos y el fotógrafo son los mismos.

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