Para no decir de todos, escribiré que la mayoría (no creo que se diga una mayoría, porque si se tratara de una mayoría, ¿habría lugar para otra "una" mayoría) de lo hombres tienen la fantasía de estar en una cama con tres mujeres. Con velas o sin velas, pero las velas les gustan a ellas porque son románticas. Las románticas son las velas, porque ellas...
Bueno, el cuento no será en nada parecido a esa fantasía que la (una) mayoría tiene.
Una noche, como todas las noches entre la hora cero y la hora tres, una de las mellis pone a prueba nuestros oídos dormidos y a los gritos nos dice "me cambian, me dan comer, ya, me cambian, me dan comer, ya, me cambian, me dan comer, ya, me cambian, me dan comer, ya".
Mamá está cansada, papá también, pero en las noches papá tiene (quiere) participar un poco más, como para que se vaya acostumbrando cuando las tenga que ir a buscar a los bailes y/o para calmar la fiebre y/o llevarlas al baño y/o para esperarlas hasta el amanecer.
Papá se levanta, o al menos su cuerpo autómata trata de hacerlo. Cambia del dáiper (me encanta el fonetic inglishhh) y prepara la mamadera. Son las dos aeme. Hay pocas luces encendidas en la casa. El velador de la mesa de luz es una. Piuuuu, se des-liga (eu tambem gosto de falar portugués) todo lo eléctrico de la casa (y de la apple). Edenor corta el suministro de energía. Tras que teníamos poca, se corta la luz.
Mamá consigue las velas que están estratégicamente debajo de todo lo que tienen arriba, pero al menos en el mismo cajón desde que decidimos tener velas a mano cuando nos casamos (cada tanto las usábamos para los cortes de luz o para...). ¿Los fósforos? Como un no vidente que sabe donde está todo los encuentra. Mientras todo esto sucedía, papá estaba dando la mema a Flopi y Caro gritaba "me cambian, me dan comer, ya, me cambian, me dan comer, ya, me cambian, me dan comer, ya, me cambian, me dan comer, ya".
Papá un maestro, dando de comer a oscuras. Semejante situación quisimos que venga al blog, y ahí están mis tres mujeres en mi cama, Flopi, las velas y la mamadera en primer plano. Ninguna fantasía, pura realidad.
Bueno, el cuento no será en nada parecido a esa fantasía que la (una) mayoría tiene.
Una noche, como todas las noches entre la hora cero y la hora tres, una de las mellis pone a prueba nuestros oídos dormidos y a los gritos nos dice "me cambian, me dan comer, ya, me cambian, me dan comer, ya, me cambian, me dan comer, ya, me cambian, me dan comer, ya".
Mamá está cansada, papá también, pero en las noches papá tiene (quiere) participar un poco más, como para que se vaya acostumbrando cuando las tenga que ir a buscar a los bailes y/o para calmar la fiebre y/o llevarlas al baño y/o para esperarlas hasta el amanecer.
Papá se levanta, o al menos su cuerpo autómata trata de hacerlo. Cambia del dáiper (me encanta el fonetic inglishhh) y prepara la mamadera. Son las dos aeme. Hay pocas luces encendidas en la casa. El velador de la mesa de luz es una. Piuuuu, se des-liga (eu tambem gosto de falar portugués) todo lo eléctrico de la casa (y de la apple). Edenor corta el suministro de energía. Tras que teníamos poca, se corta la luz.
Mamá consigue las velas que están estratégicamente debajo de todo lo que tienen arriba, pero al menos en el mismo cajón desde que decidimos tener velas a mano cuando nos casamos (cada tanto las usábamos para los cortes de luz o para...). ¿Los fósforos? Como un no vidente que sabe donde está todo los encuentra. Mientras todo esto sucedía, papá estaba dando la mema a Flopi y Caro gritaba "me cambian, me dan comer, ya, me cambian, me dan comer, ya, me cambian, me dan comer, ya, me cambian, me dan comer, ya".
Papá un maestro, dando de comer a oscuras. Semejante situación quisimos que venga al blog, y ahí están mis tres mujeres en mi cama, Flopi, las velas y la mamadera en primer plano. Ninguna fantasía, pura realidad.
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