
Hace cinco mundiales mamá y papá se daban los primeros besos y comenzaban a conocerse. Si alguien les hubiera dicho que su destino era no ver el primer tiempo del partido inaugural del mundial #5 contando a Italia '90 como #1 porque iban a estar en Neonatología viéndonos a nosotras, creemos que no lo hubieran creído.
Ya tal vez eso sea lo mágico de esta vida. Que la cosa esté escrita (como Lost o como Flashforward) o tal vez no, pero que no tengamos acceso a ello. Y perenigrar, desviarse, recuperar el sentido, el sendero, viviendo momentos de felicidad y de aquellos que de alguna manera nos fortalecen y/o nos enseñan cosas.
Hoy tuvimos en brazos a Florencia y a Carolina. Bueno, ayer también. Un milagro (o dos milagros) maravilloso. Las nenas lloran cuando las sacan de la incubadora pero ponen un rostro de felicidad cuando toman contacto con la madre. Se llena un entramado lleno de magia, amor e incertidumbre, claro está. Cuando Caro y Flor van con papi, le toman fuerte el dedo meñique con sus pequeñas manecillas (dedos largos y flacos como canta Fito Páez en la Vida es una Moneda) sabiendo que siempre podrán apoyarse en él.
Y nacen ríos de lágrimas de emoción que no sé porqué la vida nos enseñó a contener.
Y nacen libros de preguntas e inquietudes que la vida nos irá respondiendo.
Y nacen Florencia y Carolina una noche de otoño y andrarán sonriendo miles de primaveras.
Hoy papá le dijo a mamá: "20 años después, casado y con hijos". Y agregó: "Planté tres árboles, tengo dos hijas, me falta escribir un libro".
Papá, rejuntá todos tus blogs, todas tus inquietudes y metélas en un Melli-book.
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